Política

JUNTOS POR EL CAMBIO

Con gusto a despedida, Vidal cerró su campaña apelando a un discurso casi místico

Fue ante parte de su militancia en el estadio de Platense de Vicente López. Apeló a sus “logros” y a no volver al pasado. Y llamó a llenar las urnas de “esperanza” para corregir los errores cometidos.

Jueves 24 de octubre de 2019 | 21:25

Foto Ramiro Gómez | Télam

Contrariamente a lo que hizo el Frente de Todos, que en Mar del Plata y en un mismo escenario cerró la campaña juntando a las fórmulas presidencial y de la gobernación bonaerense, las máximas referencias de Juntos por el Cambio (Mauricio Macri y María Eugenia Vidal) cerraron sus campañas separados por cientos de kilómetros.

Macri volvió, una vez más, a Córdoba buscando recuperar parte de los votos perdidos en las PASO y que habían sido fundamentales para su triunfo en 2015. Por eso Vidal realizó su acto con tono casi provinciano, junto a los intendentes bonaerense de Cambiemos.

Desde las 17 el estadio del Club Platense de Vicente López estaba ocupado por cientos de militantes macristas provenientes de diversas zonas de la provincia de Buenos Aires. Entre la concurrencia se vio a macristas de pura cepa como Esteban Bullrich, Caroina Stanley, Gustavo Ferraris e intendentes como el anfitrión Jorge Macri, Ramiro Tagliaferro de Morón, Martiniano Molina de Quilmes, Néstor Grindetti de Lanús, Julio Garro de La Plata, Jorge Nedela de Berisso, Diego Valenzuela de Tres de Febrero, Nicolás Ducoté de Pilar, Jaime Méndez de San Miguel y Leandro Costa de Escobar entre otros.

También estuvieron los candidatos a diputados Cristian Ritondo y María Luján Rey y todos los candidatos a intendente, como el actual ministro de Educación Alejandro Finocchiaro que se postula en La Matanza.

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¿Sí, se puede?

En sintonía con el merchandising de campaña del “sí se puede”, hubo muy poca presencia de banderas del PRO, de la UCR y de la Coalición Cívica. En cambio, muchas gorras y remeras amarillas y carteles blancos solo reproducían el eslogan con el que se intenta dar la idea que la elección del domingo puede darse vuelta.

Pero pese a la música “pum para arriba” y un animador que intentó en toda la previa levantar los ánimos al grito de “¡María no se va!”, el ánimo de casi la totalidad de los presentes fue de aplacamiento y hasta de una apatía propia de quien se ve venir algo inevitable.

El acto lo abrió el intendente Macri, quien también buscó levantar a la concurrencia y dio un breve discurso, casi intimista, en el que agradeció a “las vecinas y los vecinos” de Vicente López y de la provincia. “La mejor gobernadora de la historia de esta provincia, y no se va”, dijo en referencia a Vidal (en rigor, la primera gobernadora que tuvo la provincia). Antes de terminar, le pidió a la gente que “cuidemos a María Eugenia”.

Luego tomó el micrófono el candidato a diputado nacional por la provincia y actual ministro de Seguridad bonaerense Cristian Ritondo. El jefe de la maldita policía durante los últimos cuatro años dio un discurso con tono reflexivo, planteando la necesidad de comprender que todo “el esfuerzo realizado” por su gobierno no puede perderse.

Daniel Salvador, el vicegobernador radical, fue quien antecedió a Vidal. Su breve discurso buscó emparentar el desafío de dar vuelta el domingo lo que resultó en las PASO de agosto con la elección de Raúl Alfonsín en 1983, contraponiendo “democracia o autoritarismo”.

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“¿Cómo no vamos a poder ser mejores?”

Finalmente, pasadas las 19:30 apareció en el escenario Vidal. Durante muchos minutos se dedicó a agradecer. Desde su familia hasta el presidente Mauricio Macri, mencionó a intendentes, familiares y demás personas que la “sostuvieron” durante los últimos cuatro años.

Luego empezó a mencionar algunos de sus “logros” de gestión, como rutas, guardias de hospitales, el SAME, la baja de la tasa de mortalidad infantil, el boleto estudiantil (que en verdad no fue una iniciativa de ella sino que fue una ley surgida de un proyecto del diputado del Frente de Izquierda Christian Castillo), etc.

Como ya es cliché de la retórica electoral cambiemita, destacó la llamada por el macrismo “lucha contra el narcotráfico” (que no es otra cosa que el fortalecimiento de la militarización de los barrios populares y la criminalización de la juventud pobre). También reforzó su discurso sobre la gestión en “seguridad”, destacando su cuidado a la Policía y el reforzamiento del sistema punitivo y represivo.

“Son hechos, no es una bandera, no es un discurso, no es un relato. Lo pueden ver ustedes y también los que piensan distintos. Si hicimos todo eso ¿cómo no vamos a poder ser mejores? Si fuimos el gobierno de las obras y de las peleas ¿cómo no vamos a poder ser el gobierno del trabajo, del crecimiento y de la producción? Claro que sí”.

“No es para atrás, es para adelante”

“Sé que los últimos dos años no fueron fáciles, porque estuve ahí, todos los días, recorriendo la provincia”, dijo la gobernadora. Y le dijo “a los que hoy todavía están enojados y desilusionados, que escuchamos, que entendimos y estamos dispuestos a mejorar y corregir todo lo que haga falta. pero no es para atrás, es para adelante, es para adelante, es para adelante”, dijo casi al borde del llanto.

En un mar de desocupados y cierres de fábricas y talleres, destacó que se haya abierto “un frigorífico” en La Plata hace unos días. Y usó ese ejemplo para prometer que si gana va a apostar “al trabajo genuino, al que te hace crecer, al que vos apostás. Y no solo para el presente sino para el futuro, para nuestros jóvenes. Por eso si los bonaerenses nos vuelven a elegir en marzo vamos a estar largando el Plan de Empleo Joven para 100 mil jóvenes bonaerenses”.

Vidal dijo que el 12 de agosto sintió “¿otra vez será cierto que perdimos la esperanza, será cierto que llegó el final?”. Y agregó que “enseguida empezó un rumor, un murmullo, que llegó a cada persona, a cada familia, y se hizo más fuerte en cada casa, en cada plaza, en cada pueblo. ¿Saben qué empezó? La rebelión de los mansos. (despertó algunos aplausos). Empezó a manifestarse la mayoría silenciosa, la que no habla empezó a hablar y a mostrar que no tenía miedo, y salió a la calle pacíficamente, con alegría, y llenamos ciudades… Y empezamos a ser millones, porque esto no apareció desde un escenario, esto nació de ustedes”.

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Pura mística

En su discurso, como lo hizo durante toda la campaña, Vidal apeló con “sensibilidad” a que los votantes vuelvan a confiar en ella y en su Gobierno pero, sobre todo, a no “volver al pasado”, en alusión a la gestión del kirchnerista Daniel Scioli en la provincia.

“Yo no vine a hacerme rica con la provincia”, quiso diferenciarse, “y empezamos a construir una relación de amor, y nos fuimos conociendo de verdad”.

Luego afirmó que “el cambio” que hizo su gestión “es muy fuerte y muy profundo. Por eso en 2015 pudimos decir sí se puede y dejar atrás la resignación, la frustración y la idea de que nada iba a cambiar nunca en la provincia. Ese cambio no es de un dirigente, no fue mío. Yo nunca gané la elección, la ganaron ustedes. Ustedes definieron las prioridades de este Gobierno”.

También recordó: “muchos me dijeron leona, pero quiero decirles algo, no fuimos valientes, no es que no teníamos miedo, es que lo que pasó es que cada vez que teníamos a un narco en frente, a un dueño del juego, a Balcedo, al Pata Medina, al Caballo Suárez, ustedes estaban al lado y atrás nuestro, diciéndonos no están solos, dándome la mano, dándome las estampitas y los rosarios. Gracias por no dejarme sola en esa pelea”.

Finalmente fue a los bifes (electoralmente hablando). “Necesitamos que vayan todos a votar, como en el 83, que lleven a sus abuelos, a sus padres, que sea una fiesta de la democracia. Necesitamos demostrar que esto que empezó con un murmullo se convierta en un grito de euforia, de desahogo, de esperanza, sí se puede, sí se puede, sí se puede”.

Y terminó nuevamente con tono místico: “Yo no me rindo. Yo sigo creyendo. Si ustedes están ahí, yo estoy acá, del lado de ustedes no me mueve nadie. Voy a seguir defendiendo cada beso y cada abrazo que me dieron, cada sueño y cada necesidad. Porque este camino recién empieza, no se termina acá”.

Ni siquiera en la última parte del discurso, cuando la gobernadora buscó avanzar en emotividad y misticismo, los cientos de personas que la rodeaban pasaron de un nivel básico de tranquilidad. Nada que desentonara con el ánimo general de Cambiemos desde el 11 de agosto a la noche. Todo con gusto a despedida.

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