Géneros y Sexualidades

8 DE MARZO

Cinzia Arruzza: la posibilidad de un nuevo movimiento feminista a nivel internacional

Entrevista a Cinzia Arruzza, profesora universitaria e impulsora del Paro Internacional de Mujeres en Estados Unidos, sobre las perspectivas después del 8 de marzo.

Martes 21 de marzo | Edición del día

Reproducimos a continuación una entrevista realizada por Penelope Duggan y publicada originalmente en inglés en International Viewpoint. En ella se abordan varios de los debates que atraviesan el movimiento de mujeres, las organizaciones feministas y de la izquierda.

Cinzia Arruzza es profesora universitaria de la New School of Social Research en la ciudad de Nueva York. Estuvo entre las firmantes del llamado a construir un “feminismo del 99 % y las impulsoras del Paro Internacional de Mujeres en Estados Unidos.

En “8 de Marzo: cuando la tierra tembló”,recorremos gran parte de estos debates y reflexiones, varias de ellas en consonancia con los sectores que llaman a poner en pie un feminismo anticapitalista, con una dura crítica al feminismo liberal. Como señala Arruzza en esta entrevista, “ya existían bases para una respuesta afirmativa antes del 8 de marzo, por ejemplo con los paros impresionantes en Polonia y Argentina en octubre, y la marcha masiva en Italia en noviembre”. Como parte de esa movilización en todo el mundo surgen nuevas ideas y se reabren viejos debates que, a la luz de acontecimientos actuales, exigen nuevas discusiones como los encuentros y desencuentros entre feminismo y marxismo.


Después del 21 de enero escribí un artículo “Marchas de mujeres: ¿de la protesta al movimiento?”. ¿Qué pensás, podemos hablar de un movimiento? ¿En Estados Unidos? ¿En el mundo?

Cuando me hicieron la misma pregunta el verano pasado [verano septentrional, NdeT], contesté negativamente. Estoy muy contenta de poder cambiar mi respuesta: sí, creo que es probable que estemos ante el nacimiento de un nuevo movimiento feminista a nivel internacional. Por supuesto, esto no quiere decir que exista un movimiento feminista en todas partes. El paro Internacional de Mujeres se llevó a cabo en 50 países, pero la participación en la huelga fue desigual: Polonia, Argentina, Italia, España, Irlanda y Turquía estuvieron entre las movilizaciones más grandes. En otros países, la huelga tuvo mucha visibilidad en los medios y quizás estemos viendo los primeros pasos en la reconstrucción de una corriente y movilización feminista anticapitalista fuerte y extendida: es el caso de Estados Unidos, por ejemplo, donde marcharon 7 mil personas en Nueva York, una de las más grandes en años, con una convocatoria abiertamente de izquierda. Pero lo que es particularmente relevante es el hecho de que fue una movilización planificada y coordinada internacionalmente. No hemos visto nada igual desde comienzos de los años 2000 y el movimiento no global.

En México respondían esta pregunta de forma afirmativa el mismo 8 de marzo. ¿Es apresurado?

Ya existían bases para una respuesta afirmativa antes del 8 de marzo, como los paros impresionantes en Polonia y Argentina en octubre, y la marcha masiva en Italia en noviembre. Las señales ya estaban antes del Día Internacional de las Mujeres, y la participación en el paro las confirmó.

Hablamos de una “ola” del movimiento de mujeres a fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70 porque era una fuerza que ponía a las mujeres y sus demandas en el mapa político mundial y obligaba a una respuesta a nivel gubernamental. ¿Creés que podríamos ver la misma fuerza hoy, a pesar de que la situación general sea defensiva?

Diría que en un nivel discursivo, estas movilizaciones ya tienen efectos poderosos en términos de redefinición de las prioridades políticas y ha conseguido importantes victorias en algunos países como Polonia. Por supuesto, la situación es defensiva, pero precisamente por esta razón este nuevo movimiento feminista es tan importante. Podría actuar como un disparador de movimiento sociales más amplios, y al mismo tiempo garantizar que las demandas y las voces de las mujeres tengan un lugar central en ellos. Esto sería un gran logro.

Los paros impresionantes en Polonia y Argentina en octubre, y la marcha masiva en Italia en noviembre. Las señales ya estaban antes del Día Internacional de las Mujeres, y la participación en el paro las confirmó.

En los últimos 40 años ha habido actividad feminista. Pero ha sido fragmentada, en muchos casos a través de canales relativamente institucionales (gobiernos, ONG) o con formas de protesta bastante individuales, a pesar de agrupamientos como la Marcha Mundial de las Mujeres. Por supuesto todo esto debe considerarse en un contexto político general que comenzó con el posmodernismo en los años 1990. ¿Hemos superado esto para regresar a formas de acción más colectivas? ¿Es lo que podría permitir hablar de una nueva ola?

Creo que estas movilizaciones muestran una creciente conciencia de la necesidad de reconstruir la solidaridad y la acción colectiva como las únicas formas de defendernos de los continuos ataques a nuestros cuerpos, nuestra libertad, y autodeterminación así como contra las políticas imperialistas y neoliberales. Además, están actuando como un antídoto a la deriva liberal del discurso y la práctica feministas. Al mismo tiempo, superar el “posmodernismo”, el individualismo, o cierto tipo de política identitaria, no puede significar simplemente volver a los años ‘60. Retroceder nunca es una opción, como nos enseñó Marx. En las últimas décadas hemos alcanzado una conciencia de la estratificación de la condición social de las mujeres cis y trans, de acuerdo con su clase, etnia, raza, edad, capacidades y orientación sexual. El desafío que el nuevo movimiento feminista debe enfrentar es el de articular formas de acción, organización y demandas que no invisibilicen estas diferencias, sino al contrario que las tomen en serio. Esta diversidad debe transformarse en nuestra arma y no en un obstáculo o algo que nos divida. Pero para poder hacerlo, debemos darle visibilidad, voz y protagonismo, especialmente a los sectores más oprimidos de las mujeres cis y trans. En otras palabras, la única forma de que nazca una política verdaderamente universalista no es abstrayendo esas diferencias, sino combinándolas en una crítica más abarcadora de las relaciones sociales capitalistas y heteropatriarcales. Cada subjetivación política basada en una opresión específica puede brindarnos un nuevo punto de vista de varias formas en las que el capitalismo, el racismo y el sexismo afectan nuestras vidas.

Por eso es que en Estados Unidos hemos adoptado el eslogan de “Feminismo para el 99 %”: queremos un movimiento feminista de clase, porque somos conscientes de que las mujeres, y particularmente las mujeres no blancas, son el sector más explotado de la clase obrera y también el sector que más trabaja dentro y fuera del hogar.

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El derecho al aborto y la lucha contra la violencia parecen ser temas centrales, más que, por ejemplo, los derechos de las mujeres como trabajadoras. Existen sindicatos activos con respecto a los derechos de las mujeres, y sindicatos que convocaron al paro el 8 de marzo, como el llamado de la CGT y SUD en Francia desde las 15:40 para visibilizar el problema de la brecha salarial entre varones y mujeres. ¿Creés que es más fácil movilizar a las mujeres localmente o a nivel comunitario que en el lugar de trabajo?

Al contrario, diría que lo que caracteriza este nuevo movimiento feminista es precisamente que visibiliza el trabajo de las mujeres y trata sus problemas no simplemente como mujeres sino como trabajadoras. No fue por casualidad que usemos el término “huelga” para el 8 de marzo. Una serie de países realizaron convocatorias nacionales específicas para poner el énfasis en el hecho de que la violencia contra las mujeres no es solo interpersonal o doméstica. Sino también la violencia del mercado capitalista, así como la violencia del racismo, la islamofobia, de las políticas migratorias y las guerras. Nos movilizamos con las mujeres como mujeres y como trabajadoras: este es uno de los mensajes más poderosos del 8 de marzo. No es necesario elegir. También por eso es que en Estados Unidos hemos adoptado el eslogan de “Feminismo para el 99 %”: queremos un movimiento feminista de clase, porque somos conscientes de que las mujeres, y particularmente las mujeres no blancas, son el sector más explotado de la clase obrera y también el sector que más trabaja dentro y fuera del hogar.

Existió un debate en Estados Unidos sobre si llamar al paro era un llamado a las mujeres privilegiadas. Combatiste esa idea y no creo que exista ese debate en otra parte. ¿Se trata solo de Hillary Clinton, de adherentes del partido Demócrata?

La afirmación de que la huelga es para personas privilegiadas es obviamente absurda, terriblemente condescendiente y ahistórica. Pero lo que es interesante de este argumento es la apropiación del discurso típicamente liberal sobre los privilegios y la culpa de los blancos al servicio de un ataque antiobrero y antisindicatos. Decir que hacer paro es para los privilegiados también es una forma de sugerir que los trabajadores sindicalizados o los trabajadores que tienen derecho a huelga son de alguna forma “privilegiados”. Invisibiliza el hecho de que si los trabajadores tienen sindicatos o derechos laborales es porque asumieron riesgos y lucharon duramente para tenerlos. Además, esta afirmación también invisibiliza el hecho de que las mujeres inmigrantes y las mujeres de color hayan asumido históricamente grandes riesgos para luchar por sus derechos, y no necesitan lecciones de nadie sobre lo que pueden o no hacer. En lo que respecta a las partidarias de Hillary Clinton, Maureen Shaw, en su artículo contra el paro de mujeres, sugirió básicamente que una mejor forma de acción sería llamar a sus legisladores demócratas (1). Esto dice todo lo que hay que saber sobre las preocupaciones detrás del discurso “el paro es para las mujeres privilegiadas”.

¿Cuál pensás que es el siguiente paso?

En Estados Unidos vamos a seguir trabajando junto a nuestra coalición nacional y vamos a trabajar para construir una fuerte participación y presencia feminista en la movilización de inmigrantes para el 1 de mayo.
Más en general, creo que el movimiento feminista debería intentar llegar a sectores sociales más amplios y actuar como una fuerza importante hacia el resurgir de los movimientos sociales. Por supuesto, esto también dependerá de la capacidad de la izquierda de superar prejuicios sexistas que todavía existen. Si la izquierda a nivel internacional no ve que las feministas hoy marcan el camino, si no le dan valor y no se transforman, será contraproducente para sí misma y la clase obrera de conjunto.

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Traducción: Celeste Murillo.


(1) Se refiere al artículo de Maureen Shaw, “The ‘Day Without a Woman’ strike is going to be mostly a day without privileged women” (en inglés). Pueden leerse, también en inglés, la respuesta de Tithi Bhattacharya y Cinzia Arruzza, en The Nation, 07/03/2017, “When Did Solidarity Among Working Women Become a ‘Privilege’?”. Sobre el mismo tema también pueden leerse (en inglés) “Go Ahead and Strike, but Know That Many of Your Sisters Can’t”, Winnie Wong, publicada en de Elle, 15/02/2017, y la respuesta de Magally A. Miranda Alcazar y Kate D. Griffiths, “Striking on International Women’s Day Is Not a Privilege”, en The Nation, 24/02/2017.








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