Política

DESAPARICIÓN Y MUERTE DE SANTIAGO

Caso Maldonado: rastrillajes y pozos, muchas más dudas que certezas

A la espera de las conclusiones de los peritos, vale repasar algunos elementos sobre los rastrillajes que se han realizando en estos meses.

Domingo 29 de octubre | 10:12

El mediodía del 17 de octubre, día del hallazgo del cuerpo de Santiago en el Río Chubut, fue un momento difícil. Sobre todo para la familia Maldonado, su abogada, los integrantes de organismos de derechos humanos y la comunidad mapuche que los acompañaban.

La sensación de todos ellos, que se repitió en los días siguientes, fue de sorpresa y dolor. No podían creer, siguen sin creer, que el cuerpo fuera hallado allí después de 79 días de desaparición forzada y búsqueda.

Por eso, a la espera de las conclusiones de los peritos, vale repasar algunos elementos sobre los rastrillajes que se fueron planteando en estos meses.

¿La zona donde apareció el cuerpo ya había sido rastrillada?

Sí. Al menos en el operativo del 18 de septiembre el lugar había sido revisado por tierra (con efectivos y canes especiales) y por agua con buzos. En total, según el extenso informe firmado por los comisarios Rodolfo Gutiérrez y Néstor Duarte, trabajaron en esa jornada 80 efectivos de la Prefectura Naval Argentina, con sus cuerpos especiales, gomones y un helicóptero Dolphin. Y según consta en el informe oficial ante el juez Otranto esos 80 efectivos eran: 2 oficiales superiores (Mostafa y Ruata), 14 oficiales subalternos, 39 suboficiales y 25 marineros.

Según el informe “los buzos hicieron un rastrillaje del río en el sector de territorio ocupado por la comunidad mapuche que comprende una extensión de 5,6 km”. Previamente, la dirección del operativo dividió la zona en 7 sectores, en base a mapas satelitales. El sector donde finalmente fue hallado Santiago era el denominado “Sector 4”, y fue parte del rastrillaje subacuático.

El mismo diario La Nación realizó una infografía comparando los sectores rastrillados el 18 de septiembre y el 17 de octubre.


Rastrillaje 17 de octubre. Fuente: La Nación


Rastrillaje 18 de septiembre. Fuente: La Nación

El mismo funcionario de Patricia Bullrich, Gonzalo Cané, había hecho un balance inequívoco del operativo: “Fue un procedimiento que duró cerca de 12 horas, el allanamiento más grande la historia argentina. 380 efectivos, más de 40 móviles, 2 helicópteros, 4 camiones de comunicaciones de Policía Federal, telefonia satelital, intervinieron todos los cuerpos especiales de la Policía Federal, una dotación considerable de albatros de Prefectura. Hicieron un rastrillaje muy profundo del río Chubut, en la sección que corresponde al Lof. A partir de este rastrillaje se pudo establecer que es un río bastante correntoso, a pesar de lo que se venía diciendo, que tiene muchas ollas, muchos desniveles, muchas piedra, mucha rama. Se hizo un trabajo muy, muy grande. En el rastrillaje del río no se encontraron rastros de Santiago, se que restos humanos dió negativo en la zona”.

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El balance de Cané, realizado al día siguiente del megaoperativo ratifica un interrogante: ¿cómo es posible que en el mayor allanamiento de la historia argentina no se haya encontrado un cuerpo, que según afirman quienes estuvieron presentes el día del hallazgo se veía con solo pararse a la vera del río?

¿Qué pasó con los rastrillajes anteriores?

Un primer rastrillaje se realizó el día 5 de agosto, donde participaron también perros y buzos de Prefectura, que fue dirigido por el oficial principal Juan Carlos Mussin, desde el punto donde se vio por última vez a Santiago, avanzando 400 metros al sur.

El segundo se realizó el 16 de agosto, e incluyó 15 kilómetros río abajo, por decisión de los jefes del operativo.

El tercero el 7 de septiembre, y llegó hasta la zona conocida como “La Potrada”, la primera zona donde realmente hay pozos profundos en todo ese territorio. Le siguió otro rastrillaje de 17 kilómetros el 12 de septiembre, otro de 19 kilómetros el día siguiente, el 15 se continuó una distancia de 15 kilómetros, el 18 de septiembre fue el operativo y violento allanamiento. Según Ruata, y el dato es importante, “se hizo en el lugar donde se desarrolló la primera jornada, y se cubrió 1.000 metros aguas arriba con respecto al punto dado, y hasta el puesto ‘El quemado’, ubicado 12 km abajo del punto de partida. O sea, volvió a cubrir el espacio rastrillado el 5 y 16 de agosto, empezando mil metros arriba.

El lugar donde fue encontrado Santiago un mes después está claramente ubicado en el espacio rastrillado el 18 de septiembre. Con dos jóvenes mapuches detenidos, dos mujeres de la comunidad, y algunos animales domésticos que viven en el lugar. Todos apuntados por el grupo GEOF. O sea, sin nadie que pudiera “truncar la investigación”.

Todas estas conclusiones están volcadas en un informe del Prefecto Principal Ruata ante el juez Guillermo Lleral, el 4 de octubre. Allí aclara que “las tareas de búsqueda se desarrollaron en general con buena visibilidad”, “a profundidades que varían entre los 0,30 y los 2 metros de profundidad”, aunque luego aclara que es el caso de “los pozones ubicados en algunas curvas del río, que nunca superan los 2 metros de profundidad”. El primer, recordemos, está en la zona de “El Quemado”, 12 kilómetros debajo de donde apareció el cuerpo.

En el informe, como es lógico, recomienda “hacer un repaso completo por todas las zonas”.

¿La comunidad mapuche quería impedir el rastrillaje en la zona donde finalmente fue hallado Santiago?

Falso. El Poder Judicial, el Gobierno y el diario Clarín difundieron la teoría de “las tierras y aguas sagradas”, que había impedido la búsqueda de Santiago. Lo cierto que el 5 de agosto el cuerpo de rescate especializado de Prefectura (Bariloche), cuando la comunidad logró las mínimas garantías, realizó un rastrillaje que comenzó en la zona donde había sido visto por última vez Santiago y se extendió río abajo, como indica la lógica.

Incluso al final del operativo, hay un diálogo registrado en video entre la comunidad y los buzos. Tras el agradecimiento de un joven mapuche, el jefe del equipo le responde “no, gracias a ustedes, por la amabilidad de dejarnos trabajar”.

Sin embargo, según el informe redactado por el juez Otranto, el oficial principal Juan Carlos Mussin (PNA) le habría informado “solo les permitieron bajar en el bote 400 metros ya que se les dijo que el resto del río eran ‘aguas santas’ y no podían seguir”. Además, los expertos de Prefectura le dijeron que “el lugar más hondo por el que habían pasado no superaba los 1,50 metros” (fs 191).

Según el operador periodístico de Clarín Claudio Andrade, quien asegura (nunca se sabe) haber tenido acceso a esos y otros informes, “los buzos se internan en el Río Chubut en el mismo sector en el cual, según testigos, desapareció Maldonado el 1° de agosto. Los especialistas trabajaron en una profundidad que iba de 1 a 1,50 metros y con óptimas condiciones climáticas. Los buzos solo pudieron rastrear en 400 metros río abajo, siempre observando el lecho a través de aguas cristalinas. Pero la oposición de los integrantes de Resistencia Cushamen truncó la actividad”.

O sea, quienes tomaron la decisión de iniciar el rastrillaje en ese punto fueron la justicia y los miembros de Prefectura. Como indicaba toda lógica, fue su propia decisión avanzar río abajo. Y, tomando en cuenta dónde fue encontrado el cuerpo, la comunidad mapuche no estaba truncando ninguna investigación.

Las dudas de la familia, abogados, miembros de organismos de derechos humanos e integrantes de la comunidad

Este viernes Verónica Heredia, abogada de la familia Maldonado, afirmó durante una conferencia de prensa realizada en Amnistía Internacional Argentina que: “Objetivamente yo no puedo decir que lo colocaron. Santiago medía 1.72 metros y el 5 de agosto había 30 centímetros de agua, esto tiene que ser comprobado por el Estado como ya dijimos. En ese lugar donde apareció el cuerpo no estaba la semana anterior al 17 de octubre, porque yo estuve ahí y yo ví”.

No es la primera vez que la abogada plantea dudas sobre cómo llegó a ese lugar el cuerpo de Santiago. El 18 de octubre, un día después del hallazgo, ya había expresado que “no tienen ninguna explicación de por qué los otros resultados dieron negativos y éste dio positivo”. Y agregó que “el cuerpo estaba muy visible” y el documento “en perfecto estado”. Ese mismo día Sergio Maldonado, hermano de Santiago, dijo: “No puedo asegurar que hayan plantado el cuerpo, pero yo creo que sí”.

Soraya Maicoño, vocera de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen, declaraba el mismo el 18 en Radio Rivadavia que “plantaron un cuerpo, porque uno se paraba en una loma, alejado del río, y se podía ver el lugar claramente”. Y agregaba que dos o tres días antes “eso no estaba, decididamente no estaba, se hubiera visto porque es un lugar bastante transitado, porque se va a buscar agua continuamente”.

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Lo expresado por Maicoño se suma a las declaraciones realizadas a este medio por Mabel Sánchez, miembro de APDH Esquel también presente durante el rastrillaje en el que se encontró el cuerpo: “Lo que vivimos ayer fue lamentable. Terrible. Fue como una alevosa escenografía armada donde nos quisieron hacer actuar también a nosotros. Hilando fino, a pocos días de las elecciones, hay que preguntarse quién se beneficia con este armado”.

A estas dudas se suman voces de especialistas. Días después del operativo/allanamiento del 18 de septiembre, Luciano Zapata, miembro del grupo de búsqueda y rescate de personas de Esquel, sostuvo en declaraciones al diario La Nación que, dadas las características del río, si Santiago se hubiese ahogado allí “debía haber quedado no más de los 200 metros río abajo” y agregó que “por la cantidad de personas que lo buscaron lo debían haber encontrado”. Ricardo Bartolomé, integrante del equipo de buzos de bomberos voluntarios, expresó conclusiones similares: “El agua no viene tan turbia y, por las ramas, el cuerpo se debía haber enganchado en algún lado”.

Una zona ya rastrillada y poco profunda

Así titula Sebastián Premici en Página 12 un interesante informe sobre la declaración del prefecto Leandro Ruata ante el juez Lleral. En esa declaración, que también consta escrita, “Ruata y los otros dos prefectos que participaron de la testimonial, indicaron que la profundidad del agua no superaba el metro cuarenta y que durante el anterior rastrillaje, es decir el realizado el 18 de septiembre, la profundidad llegaba al metro. Además, indicaron que en los anteriores operativos el agua era casi transparente, por lo que podía verse el fondo por su bajo caudal, incluso desde la orilla. En la zona donde se produjo la represión y por donde cruzaron los integrantes de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen y por donde intentó hacerlo Santiago no había pozones”.

Para tener una idea, en la declaración también aclararon que la baja profundidad implicó que en el último rastrillaje no pudieran aplicar técnicas de buceo en esa área (aunque el río ha crecido en las últimas semanas); que el agua estaba estancada en ese punto y que el primer pozón estaba a varios kilómetros río abajo.

El viernes 13 de octubre el juez Gustavo Lleral ordenó un rastrillaje que se concretaría el martes 17. Durante las horas en las que firmaba la orden, según las declaraciones de la abogada de la familia Maldonado, el cuerpo de Santiago no estaba donde sería hallado tres días después por un buzo de Prefectura. Según afirmaciones de las querellas, corroboradas por la declaración del propio jefe de Prefectura que tuvo a cargo todos los rastrillajes, el lugar del hallazgo ya había sido revisado con anterioridad.

Las dudas son muchas, pero hay una certeza: Santiago Maldonado desapareció en el marco de una represión ilegal de Gendarmería y su cuerpo apareció sin vida 79 días después. La Gendarmería, el Estado y el Gobierno son responsables y deben explicar qué pasó con Santiago.

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Aún restan conocer los resultados de la autopsia realizada sobre el cuerpo de Santiago. Ojalá esa información sirva para responder muchas de las preguntas originadas, inevitablemente, en las múltiples incertezas emanadas desde el Juzgado Federal de Esquel.






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