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Alcoholismo y drogadicción como escape de la precarización laboral

Ambas problemáticas de salud pública se han incrementado al interior de la clase obrera, pero ¿por qué se da el alcoholismo o la adicción a las drogas médicas e ilegales?

Jueves 7 de diciembre

Hace unos días Héctor Robles Núñez, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Hermosillo, aseguró que el 30% de los trabajadores de la maquila en esa ciudad tiene problemas de adicción con las drogas; del total mencionado arriba, el 7% corresponde a las mujeres.

Robles anunció la implementación de un programa para enfrentar dicho problema de salud que ocasiona la disminución de la productividad y, por lo tanto, se traduce en cuantiosas pérdidas económicas para las empresas.

En junio de 2016, el director del Programa Nacional de Bienestar Emocional en el Trabajo de la STPS también advertía sobre el consumo de drogas entre los trabajadores, amenaza que debía prevenirse y atenderse pues ya se identificaba como una de las causas de los accidentes laborales –lo cual , de nueva cuenta, podría afectar la productividad.

En ambos casos, las diferentes organizaciones estatales, la burocracia sindical y la patronal abordan esta situación no porque se trate de un problema de salud para los trabajadores, sino porque la relacionan directamente con la merma de sus ganancias.

Hay preguntas fundamentales que podrían orientar un programa de atención y no se plantean: ¿qué causa la adicción?, ¿qué relación existe entre las condiciones laborales y las adicciones? Su omisión no es casual, responde a los intereses de las empresas que persiguen el lucro a costa de las vidas de los trabajadores.

En promedio, un trabajador o trabajadora de la maquila gana 700 pesos a la semana y trabaja jornadas diarias de hasta 15 horas, con sólo un día de descanso; en algunos casos, no cuentan con ningún tipo de prestación incluyendo servicio médico.

La precariedad laboral no es exclusiva de la industria maquiladora, la vive un amplio espectro de la clase trabajadora en diferentes sectores.

Sin embargo, existe la necesidad de trabajar y obtener el sustento para mantener tanto a la familia como a uno mismo. Debido a los bajos salarios, los trabajadores aceptan las sobrecargas de trabajo y las amplias jornadas por la promesa de obtener un poco más del salario base. Pero la promesa oculta un peligro, pues va en detrimento de su salud.

La repetición de movimientos, mantenerse en ciertas posiciones durante toda la jornada, permanecer despierto durante muchas horas y ni siquiera poder ir al baño, ocasionan un desgaste tanto físico como mental; en ocasiones, para sobrellevarlo, los trabajadores recurren al consumo de drogas médicas, legales e ilegales, todo con tal de aliviar el dolor, la ansiedad y el cansancio.

Un ejemplo: el consumo de anfetaminas en zonas industriales como el Estado de México o entre los trabajadores del sector transportista puede usarse como una medida para rendir mucho más en el trabajo; así el discurso capitalista que nos dice “si trabajas duro, puedes tenerlo todo”, de la falsa libertad del sujeto para escoger su propio destino, se arraiga en nuestro cuerpo y se traduce en auto-explotación.

Esto quiere decir que los y las trabajadoras se valen de distintos métodos para resistir la jornada laboral y, paradójicamente, también para escapar momentáneamente de la precariedad laboral, como cuenta una trabajadora anónima para el estudio del Colectivo Raíz:

“Desde un principio nos dijeron: ‘Tienen su sueldo base más lo que se ganen por ‘destajo’. Cuando de verdad ya no sentía fuerzas, cuando tenía calentura y ya no podía ni con mi alma era cuando iba al médico. Mientras pudiera trabajar aunque me sintiera mal, nada más me tomaba una pastilla de paracetamol o me compraba un producto de Estar Bien”, expuso la trabajadora.

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Esta problemática surge de la necesidad de los trabajadores por aminorar las consecuencias del trabajo excesivo tanto en el cuerpo como en la estabilidad emocional y psíquica; por lo tanto, la atención tiene que ir encaminada no sólo a tratar la adicción de manera aislada sino a eliminar las condiciones sociales que desencadenan este fenómeno.

Es necesario que los trabajadores junto a las mujeres y la juventud, peleen por un aumento salarial que cubra todas sus necesidades y las de sus familias, ajustable según la inflación, con reducción en las cargas de trabajo y las jornadas laborales, con días de descanso y seguro social. Que todas y todos trabajen seis horas por día, cinco días por semana. Todo para que nuestra vida no se quede en la línea de producción… ¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias!






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