Sociedad

OPINIÓN

A pesar de los aprietes policiales, se realizó el Varela Under

El pasado sábado, a minutos de comenzar el festival autogestivo "Varela Under" en la Plaza San Martín, la presencia policial no se hizo esperar. A pesar del amedrentamiento y las excusas burocráticas, los músicos organizados lograron su realización.

Jueves 28 de diciembre de 2017 | 16:50

El pasado sábado 23 de diciembre, músicos de Florencio Varela se organizaron para llevar a cabo un festival autogestivo denominado “Varela Under”. Con el objetivo de levantar un espacio donde poder expresarse, los grupos musicales aportaron su grano de arena para realizar una actividad en la cual, una vez más en el distrito, la presencia policial no se hizo esperar. Sin embargo, ni el amedrentamiento ni las excusas burocráticas impidieron su realización.

Durante la tarde y hasta la noche del pasado sabado, se presentaron The locos Alans, La suerte del tiempo, No me rompás las pelotas, Gente turbia, Calles & Cielos, Piratas del páncreas, Yupunki, La cautiva, Primates, Los hijos de Claudia, Xefalécsicos y Grado 17. Gran cantidad de jovenes del distrito se acercaron a acompañar a las bandas y pasar la tarde en la plaza San Martín de Fcio Varela. Se llevó a cabo un registro audiovisual a cargo de una comisión de prensa y difusión, conformada por amigos y compañeros de los artistas. El manejo del sonido estuvo a cargo, fundamentalmente, por Gastón Alarcón, asistido por distintos integrantes de los conjuntos musicales.

Este festival ya se realizó en otras oportunidades años anteriores en la misma plaza, sin dar aviso a las autoridades municipales, y nunca hubo ningún inconveniente. Pero esta vez, la historia fue distinta.

Hace un mes y medio que, según denuncian algunas de las caras visibles del festival, se mantuvieron reuniones con secretarios y funcionarios del área de cultura de la municipalidad de Florencio Varela advirtiendo todas las cuestiones protocolares que subyacen a la habilitación de un predio para un festival. Advierten que luego de vaivenes, trámites y encuentros formales, se les aseguró que la Plaza San Martín, ubicada en Fleming y San Nicolás del barrio de Zeballos, iba a estar habilitada. Ante el pedido de papeles o constancias que den cuenta del permiso oficial, las autoridades respondieron que ante cualquier eventualidad en la municipalidad estarían informados al respecto y no se ocasionarían mayores inconvenientes.

Sin embargo, en la mañana del sábado 23 de diciembre, durante el armado del escenario en el que se desplegarían los conjuntos, se apersonaron agentes de la guardia comunal y la policía solicitando, irónicamente, un acta de habilitación, un permiso legal para utilizar el espacio público, la cual -ante la advertencia semanas atrás de los organismos municipales- ellos no poseían. Los organizadores solicitaron comunicarse con las jurisdicciones correspondientes del área de cultura, las cuales, se podría haber esperado, no trabajaban el sábado 23. Con esta situación, el clima de incertidumbre creció.

Denuncian los presentes que tanto la guardia comunal como la policía apelaron a una falsa bondad, alegando que ellos manifestaban que "de muy buena fe quisieran habilitar el evento, pero que no pueden hacer la vista gorda a las cuestiones protocolares"-podríamos esperar que sean tan severos cuando desaparecen pibas, ante casos de violencia de género-

Una de las pruebas que evidencian el conocimiento que tenía la municipalidad acerca del evento, fue el suministro por parte del corralón municipal de un baño químico. ¿Cómo es que la municipalidad otorga equipamiento a un evento del que supuestamente no se tenía conocimiento?. Ante este argumento, los agentes solicitaron nombre, apellido, y constancia de la persona que entregó. Luego de una serie de desencuentros, se logró obtener el papel de constancia firmado, sellado y emitido por la misma persona que otorgó el permiso unas 48 horas atrás. Aún así, una vez logrado lo que según los agentes era requisito fundamental, decidieron hacer caso omiso y proseguir con el hostigamiento y el apriete, en un claro intento por perpetuar el circo autoritario.

Denuncian los presentes que el hostigamiento de la policía no se hizo esperar. Desde el primer momento los agentes -que vale la pena declarar, estaban vestidos de civil, en pantalón y zapatillas deportivas, portando un chaleco antibalas como única identificación, sin chapa, ni jerarquía a la vista- amenazaron con solicitar el secuestro de todos los equipos de sonido que se encontraban en la plaza. Ante el intento por llegar a un consenso con las fuerzas represivas, solo se obtuvieron respuestas estereotipadas y cargadas de prepotencia.

Una anécdota lamentable fue la que protagonizó la comisión de prensa y difusión, la cual tomó registro fotográfico de cada uno de los momentos de discusión con las autoridades. Los fotógrafos fueron increpados y amenazados con el secuestro del material fotográfico y del equipo en caso de que las imágenes no fueran eliminadas. Alegaban que estaban siendo “escrachados”, que ellos estaban haciendo un "favor para poder habilitar el predio, y que no era ético que se les tomaran fotos".

Podríamos leer estos atropellos de las fuerzas policiales en sus distintas vertientes: como un mensaje que, a nivel municipal, da cuenta del interés por desestimar la organización independiente y mantener la hegemonía y el monopolio de la producción cultural de la zona. Y por otro lado, a nivel nacional, el claro respaldo político que reciben las fuerzas represivas para poder actuar, aun inconstitucionalmente, con la mayor impunidad y libertad posibles, amparadas y legitimadas por las declaraciones públicas de Patricia Bullrich, Marcos Peña, o aún el presidente Mauricio Macri ante la salvaje represión que sufrieron los miles de trabajadores que se movilizaron al congreso de la nación para repudiar la reforma jubilatoria,algunos días antes.

Finalmente, ante la presión de los vecinos, la persistencia de los artistas, y a pesar de las amenazas de la fuerza policial, se ratificó la habilitación y se llevó a cabo una jornada histórica en cuanto a la organización del underground local. No es la primera actividad, pero tampoco (ahora más que nunca)va a ser la última.








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